
Todo está dispuesto para comenzar la entrevista. Le pedimos al Chelo que se presente. Pero antes de que pongamos a correr la cinta, de un salto fugaz, corre hacia su portafolio. Aparece con una revista plagada de viñetas (todas de su autoría) y se da letra:
El lugar acordado fue la
Casa de la Cultura, en
General Roca. Una vez a la semana
Marcelo Candia ofrece clases de dibujo e historieta. En el aula 203 (del segundo piso) hay tres mesas grandes de madera y un tablero de dibujo. En una de las paredes cuelgan algunas caricaturas hechas por los alumnos, diferentes visiones del propio
Chelo. Ventanas de vidrios amplios permiten observar la estación ferroviaria y el hormigueo de las personas sobre las veredas.
Teníamos entendido que, en unas horas más, él tendría que viajar hacia Buenos Aires para participar una vez más del festival Viñetas sueltas (una especie de simposio de historietistas procedentes de todo el país).
A partir de la realización de trabajos relacionados con el asesinato de Carlos Fuentealba y la desaparición de Julio López comenzó a difundirse en ámbitos en los que antes no era conocido; muchas de sus historietas han llegado hasta Perú e Italia.
Revistas como Patoruzito y la primera versión de Fierro (entre 1984 y 1992) marcaron sus pasos a seguir. Siempre prefirió autores entre los que se encuentran el guionista Carlos Trillo y los dibujantes Horacio Altuna, El tomi, Eduardo Risso y Alberto Breccia.
Sin más preámbulo, disparamos secamente la primera pregunta:
¿Por qué tus trabajos no aparecen en los medios más difundidos de la región? ¿Has tenido propuestas para presentar obras en diarios como el Río Negro o La Mañana de Neuquén?
Será porque no me conocen. No me gusta esa frase que dice “nadie es profeta en su propia tierra”. Creo yo que a diarios como el Río Negro nunca les interesó trabajar con artistas locales, por ahí si difunden su actividad pero no los contratan nunca.
Pero esto tiene que ver con otras cosas. Porque los dibujantes, en general, de diarios no venden sus trabajos a un diario en particular sino a un grupo. Entonces el que publica en Río Negro publica también en un diario de Córdoba y, a su vez, con todo este tema de los medios, que tienen como cinco diarios desparramados en todo el país: compran a un dibujante y le publican en distintos lugares(…) Pero yo he trabajado en cosas más regionales. Estoy publicando en la revista de la Cámara de Comercio de Roca, que sale cada dos o tres meses, y después me pasa que publico mucho afuera: en Italia y Perú. También en algunas revistas de Buenos Aires, que tienen que ver con temáticas sociales y de derechos humanos, temas que a mí me interesa trabajar específicamente en la historieta.
Estoy publicando en una revista de Comodoro (Revista Duendes), ahora vamos por el quinto número. También hay muchas revistas de centros de estudiantes que han publicado un par de historietas mías que tenían que ver con la desaparición de Julio López o el asesinato de Carlos Fuentealba, son historietas que tocan esos temas grosos y salen publicadas en revistas o libros de ámbitos universitarios, en revistas de derechos humanos o en la prensa combativa.
A continuación, dos audios con la palabra del Chelo sobre la censura:
¿Cuál es el motivo para no dedicarte netamente a la historieta?
He hecho un montón de cosas. Realmente vivo de esto, el dibujo o la pintura. Lo que pasa es que, por ahí, hacer historietas desde aquí… resulta muy difícil publicar en Buenos Aires si no vivís allá. Los últimos dos años me he metido más en internet, trabajando en un blog con dedicación y tratando de trabajarlo más, dedicándome específicamente a eso. Es este blog lo que me permitió publicar en lugares como Italia o Perú, donde no llegaría nunca si no fuera por internet, saltando Buenos Aires: donde tenés que estar ahí para publicar y yo no quiero estar. Entonces también tengo que hacer otras cosas: dar talleres, dibujar, trabajar con diseñadores gráficos, ilustrar cuentos, libros, hacer portadas de Cd´s, caricaturas o pintar murales. Digamos, toda una “cosa” que, termina el mes, y tengo algo que se parece a un sueldo. ¿Puede ser que tus trabajos reflejen una militancia desde el arte?
¡Sí! Muchos, cuando ven mis trabajos, me preguntan a qué “grupo” pertenezco. O me dicen “¡adelante compañero!” y me hablan en plural como si yo representara a algún grupo de militantes de arte… soy solo yo el que lo hace, no formo parte de ningún grupo ni nada.
Yo tengo un mensaje para dar. Siempre digo que uno tiene un solo mensaje, nada más que lo da de distintas formas. Yo lo hago específicamente desde la historieta. También lo doy en los dibujos y en los murales. Pero para mí la historieta (a mi forma de ver) es el medio ideal para transmitir lo que pienso. Porque yo escribo, me gusta dibujar, me gusta el cine, la ficción y la historieta me viene de “perilla” para hacerlo.
¿A qué tipo de público te dirigís principalmente?
En realidad, no es que escribo para un público. Siempre está presente, porque en la historieta hay un lector. Siempre pienso en el que va a recibir el mensaje.
No hago historietas para chicos, eso es claro. Me dirijo al pavo, pienso en un lector tonto que justo cace. En realidad el que más disfruta de mis historietas es el que entiende el mundo. Pero en realidad quiero llegar al tarado, al caretón. Ese quiero que me lea.
Marcelo Candia nos cuenta también sobre su estilo (el estar o no encasillado) y cómo vive del arte:
¿Qué es lo principal a la hora de comenzar una historieta?
Hay dos formas. Una es el personaje, dibujas cualquier cosa y a eso le creas una historia. La otra es comenzar con la idea: vas por la calle y ves a una persona pidiendo dinero. Y se te ocurre que, en vez de dejarle dinero, a alguien se le ocurre darle una tarjeta de crédito, que ella no entienda qué es y se la coma. Y ahí termino la historia.
Yo tengo un par de personajes, que son unos pibes: “el pinga y el pistacho”. Son pibes de la calle. Entonces tengo que pensar la idea para hacerles vivir la historia. ¿Ésto se complicaría con una tira?
Sí, pero es más apasionante. Genera todo un fichado de personajes. Cada uno tiene una característica, siempre va a reaccionar del mismo modo ante determinadas situaciones. Tiene que ser coherente con su forma de ser.
Ésto se ve muy bien en Quino, por ejemplo, con Mafalda. Cada personaje tiene un carácter distinto y eso le facilita al autor ubicar una idea en cada uno.
El entrevistado comenta sobre el mayor problema de la historieta:
Teniendo en cuenta tu experiencia, ¿qué impresión tenés del ambiente de los pintores e historietistas?
Yo no tengo mucha relación con otros pintores de acá. “¡Hola y chau!”, digamos. Creo que están muy preocupados por el concepto los artistas plásticos de la zona. No se ponen a pintar sin un concepto. Y me parece que eso es intelectualizar demasiado la obra.
Mi actividad está más cercana a chicos que dibujan y pintan (a través de internet) en otros lugares de la Patagonia. Porque siento que los de acá siento que son grupos cerrados. Son artistas, pero tienen un negocio. Es otra forma de vivir.
Yo vivo del arte. Soy artista, no doctor ni hago política. ¿Y cuál es el peligro de intelectualizar el arte?
No sé si es peligroso. Es distinto a lo que yo hago… por ahí está bueno. Mi problema es que soy autodidacta. No me siento a preocuparme si un color al lado del otro genera un “calor cósmico”.
¿Cómo nace el proyecto de la revista “La Duendes”?
Yo hace, no sé, veinte años, que conozco a Alejandro Aguado que es un dibujante de Comodoro. Cerca del `86 `87 yo empecé en Allen una revista que, según lo que se dice, fue uno de los primeros Fanzines en la Patagonia.
Cinco años después, Aguado se empieza a conectar con toda la Patagonia para ver dónde hay revistas. Me contacta y dice “¿qué tal si hacemos un encuentro?”, vamos todos a Comodoro y ahí empezamos a conocernos entre todos.
De un diario, allá, hace un suplemento que se llamaba “Duendes de la Patagonia”. A partir de esa reunión comenzaron a publicar todas nuestras historietas. No había mail. Así que enviábamos las cosas por correo postal. Ahí nace el proyecto Duendes, que primero fue un suplemento de diario, luego fue una revista y ahora tiene formato de libro. Linda, interesante, con mucha más calidad que la Fierro y otras revistas nacionales. En este último número aparecen autores como Horacio Lalia, Alcatena, Carlos Casalla.
La revista adquiere importancia a través del blog, en donde se empieza a hacer conocida, nos empezamos a juntar. Aparecen historietistas nuevos. Del primer tiempo ya no quedan muchos. Por ahí algunos ni nos conocemos de cara. No hay otro medio posible para haber logrado ésto. Me parece importante lo que ha generado el blog en otros lugares. En este caso hizo que un grupo desparramado en diferentes partes del mundo (porque hay gente en México) trabaje por algo en común.
Unos comentarios del entrevistado sobre la futura charla “Web 2.0 e historietas”:
¿Cuál es el proyecto ideal que te gustaría hacer?
Uno que no se puede contar (¡jajaja!). Ahora me interesa mucho el tema de los murales, la calle, la ciudad. Una de las cosas que estoy tratando de hacer es convertir a Allen en una galería a cielo abierto. Una galería a lo largo de toda la ciudad. Ésto genera todo un recorrido, con un catálogo. Se viene el centésimo aniversario de Allen el año que viene. Quiero contar su historia en quince murales más o menos. Con los mitos de la ciudad incluidos. Así lo pueden ver los estudiantes o los turistas. Que las escuelas tengan un recorrido. Me parece que es un proyecto que no existe en ninguna parte del mundo. Estoy tratando de ver si hay financiación, eso sí. Pero eso es para el año que viene. Después hay otros, pero no me gusta pensar un proyecto de acá a cinco años.
Para cerrar, entonces, ¿qué consejo le darías a una persona que se inicia en la historieta?
No sé si le daría un consejo. Yo lo que sé es que tenés que dibujar todo el tiempo. Si no dibujás todos los días, olvidate. Y… se tiene que ir de acá si quiere vivir de la historieta, si quiere publicar. Se tiene que ir a Buenos Aires. Pero no es un consejo, es una realidad. No hay medios en la región que te permitan publicar en otro lugar. Internet no alcanza, tenés que estar vos allá.
Mi idea es publicar en Europa, cobrar en Euros y vivir acá… ¿será posible eso? (risas).